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Don Julio

Historia · Hombre solo, 58 años · Buenos Aires, Argentina

Don Julio

CelMaster · Reparación de celulares y tablets

Base de conocimiento Estados de servicio Transferencias

“Tengo el pulso de antes. Y los viernes le compro flores a mi señora.”

- Don Julio

CelMaster es un local pequeño en Caballito, sobre una calle lateral cerca de Av. Rivadavia. Don Julio repara celulares y tablets de todas las marcas, atiende solo, abre de martes a sábado. La gente le deja el equipo y vuelve cuando él avisa.

Estudió electrónica en la ENET de Avellaneda. Trabajó treinta años en una empresa que arreglaba electrónica industrial. Cuando lo "achicaron" en 2014, alquiló este local con sus ahorros. Pensó que iba a durar dos años; va por once.

“Yo trabajo con una pinza tan finita que parece de relojero. Tenés que tener pulso. Cuando te suena el celular cada dos minutos con el mismo "¿está listo lo mío?", se te va el pulso. Hubo días que me corté el dedo soldando porque agarré el teléfono justo cuando estaba apoyando el iron.”

- Don Julio

“Una vuelta tenía un Samsung con la placa abierta y entró un chabón a preguntar presupuesto. Lo atendí. Cuando volví al banco, había sin querer apoyado el iron caliente arriba del cable flex. Quemé el flex. Esa pieza me la comí yo, ochenta lucas. Esa noche le dije a mi señora: "algo tengo que hacer."”

- Don Julio

Lo que cambió

Se sentó un sábado y le pasó al bot todo lo que tenía en la cabeza después de once años de oficio: precios por modelo y tipo de reparación, tiempos estimados, los servicios que hace y los que no, las preguntas que más le repiten ("¿es original?", "¿tiene garantía?", "¿se puede pagar en cuotas?"). Cuando termina un trabajo, lo marca como listo en una pantalla y el bot le avisa al cliente. Si entra una consulta sobre algo raro, la conversación le llega a él.

Don Julio agarra el celular cuando hace una pausa. No antes. La pinza no se le mueve. Las consultas nuevas las atiende el bot - precio, tiempo, qué se puede y qué no. A los tres meses calculó que ahora hace dos reparaciones más por día. Le compró flores a la señora un viernes sin motivo. Hacía años que no le compraba flores.

“A mí me daba mucha desconfianza. Yo soy de la vieja escuela. Pensaba: este robot va a cotizar mal y voy a quedar mal yo. La primera semana revisé cada cotización que mandó. Y me di cuenta que cotizaba mejor que yo cuando estaba apurado.”

- Don Julio

Hay clientes viejos que vienen a contarle la historia del teléfono - que se lo regaló el nieto, que se les cayó en la pileta. Esos los atiende él.

“A esos los atiendo yo. Es parte del oficio.”

- Don Julio

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